Biblia de Jerusalén Lectura, estudio y contemplación

Salmos 62

1Del maestro de coro... Yedutún. Salmo. De David. 2En Dios sólo el descanso de mi alma, de él viene mi salvación; 3sólo él mi roca, mi salvación, mi ciudadela, no he de vacilar. 4¿Hasta cuándo atacaréis a un solo hombre, le abatiréis, vosotros todos, como a una muralla que se vence, como a pared que se desploma? 5Doblez sólo proyectan, su placer es seducir; con mentira en la boca, bendicen, y por dentro maldicen. 6En Dios sólo descansa, oh alma mía, de él viene mi esperanza; 7sólo él mi roca, mi salvación, mi ciudadela, no he de vacilar; 8en Dios mi salvación y mi gloria, la roca de mi fuerza. En Dios mi refugio; 9confiad en él, oh pueblo, en todo tiempo; derramad ante él vuestro corazón, ¡Dios es nuestro refugio! 10Un soplo solamente los hijos de Adán, los hijos de hombre, una mentira; si subieran a la balanza serían menos que un soplo todos juntos. 11No os fiéis de la opresión, no os ilusionéis con la rapiña; a las riquezas, cuando aumenten, no apeguéis el corazón. 12Dios ha hablado una vez, dos veces, lo he oído: Que de Dios es la fuerza, 13tuyo, Señor, el amor; y: Que tú al hombre pagas con arreglo a sus obras.

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