Biblia de Jerusalén Lectura, estudio y contemplación de la Palabra de Dios
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Salmos 57

1Del maestro de coro. «No destruyas.» De David. A media voz. Cuando, huyendo de Saúl, se escondió en la cueva. 2Tenme piedad, oh Dios, tenme piedad, que en ti se cobija mi alma; a la sombra de tus alas me cobijo hasta que pase el infortunio. 3Invoco al Dios Altísimo, al Dios que tanto hace por mí. 4Mande desde los cielos y me salve, confunda a quien me pisa, envíe Dios su amor y su verdad. 5Mi alma está tendida en medio de leones, que devoran a los hijos de Adán; sus dientes son lanzas y saetas, su lengua, una espada acerada. 6¡Alzate, oh Dios, sobre los cielos, sobre toda la tierra, tu gloria 7Tendían ellos una red bajo mis pasos, mi alma se doblaba; una fosa cavaron ante mí, ¡cayeron ellos dentro! 8A punto está mi corazón, oh Dios, mi corazón a punto; voy a cantar, voy a salmodiar, 9¡gloria mía, despierta!, ¡despertad, arpa y cítara!, ¡a la aurora he de despertar! 10Te alabaré entre los pueblos, Señor, te salmodiaré entre las gentes; 11porque tu amor es grande hasta los cielos, tu verdad hasta las nubes. 12¡Alzate, oh Dios, sobre los cielos, sobre toda la tierra, tu gloria!