Salmos 52
1Del maestro de coro. Poema. De David.
Isaías 30,19
2Cuando el edomita Doeg vino a avisar a Saúl diciéndole: «David ha entrado en casa de Ajimélek.»
3¿Por qué te glorías del mal, héroe de infamia? Todo el día
4pensando estás en crímenes, tu lengua es una afilada navaja, oh artífice de engaño.
5El mal al bien prefieres, la mentira a la justicia;
6amas toda palabra de perdición, oh lengua engañadora.
7Por eso Dios te aplastará, te destruirá por siempre, te arrancará de tu tienda, te extirpará de la tierra de los vivos.
8Los justos lo verán y temerán, se reirán de él:
9«¡Ese es el hombre que no puso en Dios su refugio, mas en su gran riqueza confiaba, se jactaba de su crimen!»
10Mas yo, como un olivo verde en la Casa de Dios, en el amor de Dios confío para siempre jamás.
11Te alabaré eternamente por lo que has hecho; esperaré en tu nombre, porque es bueno con los que te aman