Biblia de Jerusalén Lectura, estudio y contemplación de la Palabra de Dios
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Salmos 90

1Oración. De Moisés, hombre de Dios. Señor, tú has sido para nosotros un refugio de edad en edad. 2Antes que los montes fuesen engendrados, antes que naciesen tierra y orbe, desde siempre hasta siempre tú eres Dios. 3Tú al polvo reduces a los hombres, diciendo: «¡Tornad, hijos de Adán!» 4Porque mil años a tus ojos son como el ayer, que ya pasó, como una vigilia de la noche. 2 Pedro 3,8 5Tú los sumerges en un sueño, a la mañana serán como hierba que brota; 6por la mañana brota y florece, por la tarde se amustia y se seca. 7Pues por tu cólera somos consumidos, por tu furor anonadados. 8Has puesto nuestras culpas ante ti, a la luz de tu faz nuestras faltas secretas. 9Bajo tu enojo declinan todos nuestros días, como un suspiro consumimos nuestros años. 10Los años de nuestra vida son unos setenta, u ochenta, si hay vigor; mas son la mayor parte trabajo y vanidad, pues pasan presto y nosotros nos volamos. Eclesiástico 18,9 11¿Quién conoce la fuerza de tu cólera, y, temiéndote, tu indignación? 12¡Enseñanos a contar nuestros días, para que entre la sabiduría en nuestro corazón! 13¡Vuelve, Yahveh! ¿Hasta cuándo? Ten piedad de tus siervos. 14Sácianos de tu amor a la mañana, que exultemos y cantemos toda nuestra vida. 15Devuélvenos en gozo los días que nos humillaste, los años en que desdicha conocimos. 16¡Que se vea tu obra con tus siervos, y tu esplendor sobre sus hijos! 17¡La dulzura del Señor sea con nosotros! ¡Confirma tú la acción de nuestras manos!

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