Biblia de Jerusalén Lectura, estudio y contemplación

Ester 10

1El rey Asuero impuso un tributo al país y a las islas del mar. 2Todas las obras de su poder y su vigor y el relato del encumbramiento de Mardoqueo, a quien el rey enalteció, ¿no están escritas en las Crónicas de los reyes de los medos y los persas? 3Pues el judío mardoqueo era el segundo después del rey, persona importante entre los judíos, amado por la multitud de sus hermanos, preocupado por el bien de su pueblo y procurador de la paz de su raza. 4Mardoqueo dijo: «¡De Dios ha venido todo esto! 5Porque haciendo memoria del sueño que tuve, ninguna de aquellas cosas ha dejado de cumplirse: 6ni la pequeña fuente, convertida en río, ni la luz, ni el sol, ni el agua abudante. El río es Ester, a quien el rey hizo esposa y reina. 7Los dragones somos yo y Amán. 8Los pueblos son los que se reunieron para destruir el nombre judío. 9Mi pueblo es Israel, que clamó a Dios y fue salvado. Salvó el Señor a su pueblo, el Señor nos liberó de todos estos males; obró Dios grandes señales y prodigios como nunca los hubo en los demás pueblos. 10Por eso, Dios ha marcado dos suertes una para su pueblo y otra para los pueblos restantes; 11y estas dos suertes se han cumplido en la hora, ocasión y día determinados en presencia de Dios y de todos los pueblos. 12Dios entonces se acordó de su pueblo y dictó sentencia a favor de su heredad; 13para éstos, los días catorce y qunince del mes de Adar serán días de asamblea, de alegría y gozo delante de Dios, por todas las generaciones para siempre, en su pueblo Israel.»

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