Biblia de Jerusalén Lectura, estudio y contemplación de la Palabra de Dios
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Eclesiástico 5

1En tus riquezas no te apoyes ni digas: «Tengo bastante con ellas.» 2No te dejes arrastrar por tu deseo y tu fuerza para seguir la pasión de tu corazón. 3No digas: «¿Quién me domina a mí?», porque el Señor cierto que te castigará. 4No digas: «Pequé, y ¿qué me ha pasado?», porque el Señor es paciente. 5Del perdón no te sientas tan seguro que acumules pecado tras pecado. 6No digas: «Su compasión es grande, él me perdonará la multitud de mis pecados.» Porque en él hay misericordia, pero también hay cólera, y en los pecadores se desahoga su furor. 7No te tardes en volver al Señor, no lo difieras de un día para otro, pues de pronto salta la ira del Señor, y perecerás al tiempo del castigo. 8No te apoyes en riquezas injustas, que de nada te servirán el día de la adversidad. 9No avientes a cualquier viento, ni vayas por cualquier senda, (así hace el pecador de lengua doble). 10Manténte firme en tu pensamiento, y sea una tu palabra. 11Sé pronto en escuchar, y tardo en responder. 12Si sabes alguna cosa, a tu prójimo responde, si no, pon tu mano en la boca. 13Gloria y deshonra caben en el hablar, y en la lengua del hombre está su ruina. 14Que no se te llame maldiciente, no pongas lazos con tu lengua, que sobre el ladrón cae la vergüenza, y dura condenación sobre la lengua doble. 15Ni en lo grande ni en lo pequeño yerres, ni de amigo te vuelvas enemigo.

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